viernes, 8 de noviembre de 2013

Amor de señal abierta.

La princesa oculta
tras torres
de inseguridad
esperando
—que llegue un príncipe
de armadura brillante
con una espada de oro—
esperando
ser salvada.

El príncipe
ha vendido su armadura
hace ya algún tiempo
vive solo
y sin fortuna
tras barrotes
de frustración
esperando

esperando
ser salvado.

domingo, 27 de octubre de 2013

Solsticio.

Y te esperé.

Vi caer las hojas de otoño
sentí el frío de las noches de invierno
canté sola en primavera
creyendo que en verano
caminaríamos juntos bajo el sol
que tanto te gusta
y yo evito

pero no apareciste
y creo
que tendré que contar
las hojas de otoño
otra vez.

domingo, 20 de octubre de 2013

Me miras, de cerca me miras, cada vez más de cerca y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más de cerca y nuestros ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos donde un aire pesado va y viene con un perfume viejo y un silencio. Entonces mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo del aliento, esa instantánea muerte es bella. Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra mí como una luna en el agua.

Julio Cortázar, Rayuela. Capítulo 7.

Coordenadas.

Y estabas allí 
donde nuestras almas 
se conocieron 
donde nuestras miradas 
se cruzaron 
donde nuestros labios 
sonrieron 
por primera vez. 
Hoy 
pasé al lado tuyo 
y tu alma 
no me conocía 
tu mirada 
no quiso buscar la mía 
y tus labios 
pertenecían a otra sonrisa 
pero 
tú estabas allí.

miércoles, 16 de octubre de 2013

Cíclope enamorado

Y estás tan cerca mío que parece que fueras un cíclope. Puedo ver cómo tu(s) ojo(s) lentamente se va(n) cerrando, y los míos les siguen el compás.

martes, 8 de octubre de 2013

Café de Flore. Una de esas películas que te hace cuestionar el destino.

Café con una cucharada de memorias.


Lo amaba. No había dejado de amarlo a pesar del tiempo y las heridas. Y al volverlo a ver, sintió de nuevo aquello que sintió la primera vez.
El autor somnoliento intenta plasmar lo que siente, aunque hace ya algún rato que se rindió ante los clichés amorosos que el lector espera encontrar en una novela de amor. Poco a poco las letras van perdiendo coherencia y significado. Lo vio a los ojos. Aún lograba ver un pequeño destello en ellos. El autor se va perdiendo, mientras divaga en pensamientos sobre el encasillamiento del amor por la literatura juvenil. El ambiente está abrumado. Una acogedora neblina cubre la ciudad. Ya nada existe a su alrededor. Solo son ellos dos.  El autor no sabe hacia dónde va al escribir esto, ya no sabe cuál era el propósito de iniciar este escrito. Cada uno sigue su camino. Segundos después, ambos voltean para ver al otro. Sonríen. ¿Tiempo de ir por un café a recordar? Se quedan quietos por unos instantes que se hacen inmensamente largos. Ninguno se decide a acercarse al otro. Es un momento de confusión. Tal vez era porque el amor era así. El amor no puede cerrarse a un solo significado. El amor no es como uno espera que sea. Nunca llegará dos veces de la misma manera.

lunes, 7 de octubre de 2013

Pensamientos de medianoche.

Once de la noche y estoy sola con una taza de café. ¿Dónde estás? ¿El "para siempre" te asustó? Intento (ya en vano) recordar tu rostro, tu voz. Mis párpados me dicen que deje de esperarte, que esta noche no es LA noche en la que volverás.
Sin embargo sigo aquí, esperando... esperando que siquiera aparezca un puntito verde al lado de tu nombre para saber que sigues vivo; aunque recuerdo que alguna vez dijiste que, sin mí, no podrías vivir.